domingo, 16 de marzo de 2014

Perfect enemy (La desorientación sexual, última parte)

A la mañana siguiente desperté entre sus brazos. Hacía frío, mucho en realidad, por lo tanto le pedí el suéter para llevármelo a casa. De alguna u otra forma quería quedarme con algo de ella para tener la patética excusa de poseer un objeto que tenga que pasar a buscar. Una razón más para verla otra vez. Desayunamos. Ella no estaba disimulando su cara de enamoramiento, el amor es lindo así. Simple y tierno. Recogí mis cosas y despidiéndola con un beso me fuí del lugar, el cual nunca debí haber abandonado. 

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(♪)

- ¿Hola amor?
- El único en tu vida al habla. Dime que pasó.
- Hoy quería pasar el día con vos ¿salimos?
- Dale


Fuimos a la estación de tren, no nos quedamos mucho tiempo en el lugar, de hecho me llevo a recorrer todos los lugares que habíamos frecuentado en nuestras pequeñas aventuras, y terminamos en una especie plaza, en frente al cine York, muy linda. Ella se comportaba raro pero no quería arruinar el momento, llegó el tiempo de sentarnos un rato por que habíamos estado caminando toda la tarde. La ví triste. Le dije que me esperara un segundo, ella asintió confundida con la cabeza. Caminé 4 cuadras hasta un kiosko que encontré y compré un bon o bon. Volví casi corriendo hacía el lugar donde estaba sentada y se lo dí. Sonrió. Punto para mí. A continuación le pregunté que era lo que pasaba, por que estaba tan distante, más que distante podía decirse triste. Me contó un poco la  historia. Su abuela estaba muy enferma y la familia decidió volver a su hogar originario por una semana, en Santa Fe (dí, ella vivía en Rosario antes de mudarse a Bs As). Al principio me preocupó un poco, luego me calmé y la tranquilicé, diciéndole que íbamos a hablar todas las noches, que no se preocupase, y que por sobre todas las cosas no me extrañe. Las cosas iban a estar bien e irónicamente la frase esta vez la utilice yo. Me abrazó fuerte y se quedó un ratito en mis brazos, le daba seguridad que yo la abrazara. Siempre me lo decía, y cada que lo hacía yo sentía el mismo cosquilleo en el estómago como la primera vez. 
Después de hablar se sintió mejor, ya no tenía tanto miedo. Le sostuve la mano con una sonrisa y me recosté en sus piernas a mirar el cielo. Estaba nublado, el frío te ponía la nariz colorada y los labios se agrietaban. Los árboles con apenas un follaje fino que los vistiese se movían al unisono con el viento. Creo que ese es uno de los momentos que nunca voy a olvidar. Ella hablaba de algo pero yo no le prestaba atención a lo que decía, en sí prestaba atención al timbre de su voz. Les parecerá estúpido pero es completamente importante que alguien me hable con dulzura, si no, no hay manera que se gane algo de mi amor. Su sonido era dulce, siempre me trataba con amor. No ese amor empalagoso, ese lindo. Ese que te gusta recibir tanto como escuchar. El que lo experimentó sabe como se siente, y el que no, va a darse cuenta rápido. Pronto me dí cuenta que estaba dejando mi vida en sus manos, cuando aterricé en tierra y dejé de pensar tanto, ella entendió por mirada perdida que no la estaba escuchando y pronunció un ''mirá querida si vas a seguir mirando los árboles con esa cara de hippie roñosa y yo acá hablando sin que me escuches no me hagas hablar no ves que mi voz es valiosa'' a lo que respondí con un ''callate un poquito'' seguido de agarrarle la cara y darle un beso. Así estuvimos un rato largo hasta que nos alcanzó el toque de queda y cada una debía volver a sus respectivos hogares. 


La semana que ella no estuvo conmigo se me hizo inevitablemente larga y confusa. Larga por extrañarla, y confusa por lo siguiente. A medida que iba enamorándome de Giova, me dí cuenta que ella no era la única mujer que me atraía (se entiende que era la única en mi vida pero que no era la única que podía gustarme). Aceptándome a mi misma un poco más fuí buscando otras personas que se sintiesen como yo, de la misma forma con respecto al mismo sexo. En esa época se usaba mucho entrar a algún grupo de Facebook y presentarse como ''Hola soy x tal me gusta esto esto esto y soy lesbiana/gay/bi/hetero'', no era exactamente el índole de lo sano pero de esa forma conocías personas sin el riesgo común de que no te agraden o que se porten con una excesiva confianza frente a vos. Entre persona, grupo, me gusta y intercambio de msn, conocí a Violeta. Una chica que iba a cambiar mi parecer de una forma fuerte. 
El Sábado de la semana que Giova estaba en otra provincia, Violeta me llevó a un ''bar'' gay. Sí, yo tenía 13 años, pero mi apariencia con un poco de maquillaje y como ella me arregló para ir, llegó a camuflarme de alguien de 17. Entramos al lugar. Era la primera vez mía en algo así (cabe aclarar que por supuesto costó muchísimo engañar a mis padres) y no lo niego, estaba un poco asustada, ya que apenas entré, los ojos se fijaron en mí. El sentido de las cosas comenzaba a cambiar. En fin. La descripción del ambiente es innecesaria, creo que todos sabemos que estos lugares están llenos de personajes extraños. Estaba oscuro,  y las partes iluminadas eran de colores. Las bebidas y las pulseras de las personas que rondaban alrededor mío también. Violeta vió mi cara de espanto y me invitó a calmarme, que ella no iba a dejar que me pase algo. 
A la hora de haber entrado en confianza y sacarme la campera de cuero (completo el asunto) una mujer se acercó a hablarme. Muy simpática de hecho, tenía ojos claros, un vestido de flores y una sonrisa muy linda. Ella era muy linda. Me invitó un ''trago'' al cual dije que sí. No sé con que ustedes dejaron atrás su virgnidad alcohólica, algunos empiezan con un sorbo de cerveza, otros con la sidra de navidad, yo la deje CON UN SHOOT DE VODKA. Cabe aclarar que apenas levanté el vaso y metí el liquido transparente en mi boca sentí como el cuerpo se me prendía fuego por dentro. Le pedí un segundo y fuí al baño. Creo que no llego a recordar cuántos litros de agua tomé de la canilla del sanitario, me ardía la garganta. Violeta me fué a buscar. Por supuesto se rió en mi cara tan fuerte que casi le pego una trompada. Cuando terminé de refrescarme, volví en sí a la barra. La mujer seguía esperando por mí. Me vió y se acercó con mi campera en sus manos, cuando quise agarrarla amagó a no dármela, con esto yo la miré de manera extraña, y ella me dijo que ''si quería ver mi campera de nuevo'' tenía que acompañarla a un lugar más tranquilo. Más tarde me dí cuenta que  ''un lugar más tranquilo'' es un ''me gustas y si encuentro la oportunidad te llevo a casa''. La miré a Viole con ojos de por favor estate atenta al rescate. Romina, la chica, me agarró la mano dirigiéndose a una esquina del bar donde habían sillones y se sentó insinuándome a sentarme al lado de ella. Se las voy a hacer corta; me quiso dar un beso. No la deje. Me tocó, y me incomodé. Mi protectora llegó rápidamente y me llevó lejos de ahí. Nos fuimos en remis, el resto del viaje no hablé. Solo miré por la ventana pensando en donde estaría Giova y por qué me sentía mal al haber hecho esto. Violeta me habló un par de veces, a la cuarta se resignó frente a mi helado silencio de ultratumba. Llegué a casa y en silencio abrí la puerta. En mi querido refugio, específicamente en la puerta, habían 1245 cosas colgadas, entre ellas fotos de santos, agua bendita, campanas, cosas de reiki, espirituales.. a veces realmente me replanteaba seriamente el tema de haber sido adoptada. Todas estas cosas complicaban el hecho de entrar por que hacían un ruido infernal, pero con la habilidad de una tortuga ninja hice mi camino hasta el cuarto sin despertar a los guardias. Me acosté en la cama boca arriba y le mandé un mensaje.

- Hola amor ¿estás despierta?
- ....
- Te extraño mucho 
- ....
- PODES DESPERTARTE

15 minutos después sonó el celular.

- Despertarme con mensajes a las tres menos cuarto de la mañana no me parece una buena idea 
- Amor hola
- Estas diciendo amor.. ¿qué cagada te mandaste?

.. me molesta que me conozca tanto.

- Nada pasó, que te extraño. Fuí a un bar con Violeta y te extrañé. Me sentí incómoda sinceramente, quiero estar con vos.
- ¿Por qué incómoda? Jajajaja
- Por que sí, no te rías.
Me río irónicamente, no me gusta que salgas con ella. Menos a un bar gay. De todas formas no sos mi novia por lo tanto no tengo campo para decirte algo al respecto.
- No hice nada, y yo te sí te considero mi novia.

Solté el celular y el corazón se aceleró un poquito. Sonreí con la sonrisa más estúpida que pude poner en 13 años.

(♪)

- ¿Vos también estás sonriendo así como mucho, novia?

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Llego el día de su retorno a casa. Quedamos en vernos en la plaza frente al York, ya que ambas sabíamos ir y nos quedaba a mitad de camino. La ví llegar y corrí hasta ella. Ella hasta mí. Ambas corrimos a abrazarnos con todo el amor que nos entraba en el cuerpo y más aún. Llegaba el momento de soltarla pero no podía. Creo que si no recuerdo mal, se me salió una lágrima. Hablamos el resto de la tarde, nos besamos, pasamos tiempo juntas, como recuperando lo que habíamos perdido. Más tarde esa noche, conversamos hasta las 5 de la mañana. No me pregunten qué por que sinceramente no me acuerdo absolutamente nada, salvo el mensaje de despedida; ''buenas noches mi amor, te amo''.
Al otro día me desperté enferma, vino el médico a casa y me diagnosticó angina, por lo tanto tenía que quedarme en casa unos días. Unos días sola. Enferma = ella viene a cuidarme. Y así fué. Me dieron cuatro días y los primeros dos ella estuvo en la puerta de casa exactamente a a las 8 de la mañana y se iba a las 12 y media del mediodía. Era un sueño, pero al tercer día las cosas cambiaron. De un día para el otro no hubo mensajes durante todo el mismo, no llamado, no visita, no aparición, no existencia. Comencé a preocuparme. Al cuarto día me dieron el alta y ya podía salir, por lo tanto después del colegio fuí hasta la casa de Giova y noté que las ventanas estaban cerradas, acompañadas de las persianas bajas y un aire a soledad. Una extraña sensación se apoderó de mi cuerpo. No sé si eran las náuseas del resto de las anginas o si realmente mi cuerpo presintió que algo andaba mal. Atiné a ver un cartel cerca del árbol que tenía en frente. 

                                                                  ''SE VENDE''







Llamé a su celular unas 12 veces y nadie contestaba. No entendía que pasaba y no podía entender la situación. No quería tampoco entenderla por que eso significaba un corazón completamente hecho un desastre. Me animé a pensar lo mejor, lo más claro, hasta que el teléfono fué atendido. 

- Mi amor perdóname que no te atendí, estaba de viaje y no tengo señal.
- No me digas amor ¿en donde estas? Pase por tu casa y había un cartel de una inmobiliaria 
Es que.. *pausa seguida una respiración profunda* volví a Santa Fe
- ¿Cómo que volviste a Santa Fe? No entiendo.
Volví a vivir acá. A papa le surgió una oferta de trabajo y es temporal, pero, son dos años, o más, depende como le siente el trabajo.

Las lágrimas caían por mis cachetes y me senté en el cordón de la calle. Me sentía mareada, confundida, y sobre todo, profundamente dolida. 

- .... por favor decime algo. Lo que sea. Pero decime algo.
- ¿Qué mierda se supone que te diga? ¿Para que carajo me hiciste pasar por todo esto? Explícame por que no entiendo si fué algo que hice, o algo que dije, para que no me digas que te vas a mudar a otra provincia sin haberme avisado. Sin despedirte. Sin absolutamente nada.
- Por favor perdoname. Era demasiado para mí verte a la cara y decirtelo, entendé que no quería lastimarte e intenté pelearla lo más posible pero no me hicieron caso. Por favor perdoname mi amor.
- No me digas así, ya no soy tu amor. Dejé de serlo cuando tomaste la decisión de hacer esto. Mucha suerte.




Corté el teléfono recostándome sobre la vereda. Esa tarde lloré como nunca antes, y me convencí que, el amor entre dos personas, es enteramente frágil. Confiar es un arma de doble filo, que invita a lastimar a ambos lados de la relación. Amar es exactamente lo mismo. 
Del amor al odio hay un paso. Y en este caso, mejor dicho, una llamada.

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