A veces tengo la manía de querer darme la vuelta y encontrarte atrás mío mirándome y sonriendo. Siempre que juego termino perdiendo. Pierdo la cabeza. La cordura. Las ganas de querer. Dicen por ahí que te vieron caminando por Palermo en los lugares que solíamos sentarnos y mirar la gente correr ¿Te acordás cuando contábamos los colorados? ¿Cuando me escapaba para verte? ¿O esa vez que me perdí en la estación del tren y me encontraste hablando con un desconocido que resultó ser ese cantautor que tanto te gustaba? Cuantos recuerdos que olvidé. Que olvidaste. Que olvidamos.
Pero me llamas. Te vuelvo a atender. Y la historia se repite una vez por mes. ¿Qué nos pasó? ¿Cuándo nos dejamos llevar por esas opiniones? ¿Cuándo me volví la ropa de Invierno al fondo de tu placard? No puedo creer que consumas nuestro ayer. Pusiste un final. Una línea imaginaria que no me dejaste cruzar cuando intenté ayudarte. Y ahora volvés. Mi alma es el proyector de la hoja que en Otoño no cayó ¿Qué más queres de mí? Sos el fantasma de un destino que no esperé nunca. Conservo tu voz. Conservo mis fuerzas. Contengo los gritos al escuchar los suspiros de tu esencia. Quiero sentir que tu ausencia se extinguió. Me alimento de recuerdos. Me contradigo. Te quiero acá. Pero no te quiero conmigo. Me miro caminar. Sin vos no estoy. No soy yo. No llego a la Primavera.
Pero ahora me doy cuenta que nunca,
que nunca existimos.
¿No?