martes, 9 de julio de 2013

Fénix

Mirá, estoy escuchando la canción que te encantaba. Te extraño mucho. Dos años y medio sin vos, sin tu risa de estúpido, sin tu lunar en el medio de la frente que tanto odiabas. Me pediste que no te siguiera, no lo hice. No pretendo que me cuides desde donde estás. Mis días están muertos sin tu sonrisa, necesito algún tipo de anestesia para este dolor de pecho. Lloré tanto. Tuviste el valor de terminar lo que empezamos, perdoná si no tuve el mismo coraje, aún le sigo rindiendo cuentas al destino. Luces caen en tu sombra y es un hecho triste. Le rindo homenaje al cielo, ahora tiene un comediante de primera. Que loco, quiero escribirte pero no me sale recordarte ya que mi destino insiste con tenerte cerca. Ya bajé la guardia. Desparramo lágrimas en distintos escenarios. No sos el único que sufrió ¿Cómo pudiste hacerlo? como pude dejar que lo hicieras. En el fondo sabía que ibas a quitarte la luz. Inconscientemente dejé que terminaras con tu dolor empezando así el mío. Ahora ya no puedo escuchar canciones de Tan Bionica sin enojarme. Me cuesta mucho admitirlo, pero lo tuyo no fué suicidio, ni una forma de huír, sino un acto de libertad. Nunca dejaste de ser un fénix, solo que esta vez no volviste de las cenizas. Pero dejá, no importa, por que todavía conservo tu chispa.

Irónicamente, me enseñaste a vivir renunciando a tu vida. 


Se quemó toda mi tristeza, con palabras te dejó ir. 


Dame una última alegría, y volá por mí. 


sábado, 6 de julio de 2013

La cama

Suena el despertador. Y con despertador me refiero a que me olvide de cerrar la persiana y a las 9:30 a.m me pegó el sol de lleno en la cara. Feliz Sábado. Se hacen las 10:00. Aún no puedo levantarme. Siento que el cuello me pesa y las extremidades no responden. Escucho ruidos sordos. Sigo sin moverme. El pecho no respira igual que la monotonía de despertarme para comer, de comer para estudiar, de estudiar para descansar, y descansar para volver a repetir el ciclo. Cambio de posición. Al menos es algo. Quedo boca arriba mirando el techo blanco, imaginando los posibles escenarios que ocuparía mi día. Llego a la conclusión de no querer sacar un dedo de la cama. No tengo ganas de vivir, ni de respirar. Solo quiero cerrar los ojos y seguir soñando todos los secretos que dejo en mi almohada. Se hicieron las 12:00. Se hicieron las 14:00. Sigo soñando(te).