lunes, 14 de julio de 2014

El vestido azul

Las luces eran tenues, coloridas. La oscuridad se difuminaba con el humo. Remeras de Misfits, los Ramones, Fun People, Nirvana... mientras yo permanecía en la cocina tomando quién sabe qué de un vaso ajeno, fué cuando levante la vista, y, a través de la ventana, la ví. Estaba bailando con un vestido azulado sumamente corto, y exageradamente escotado. 


La fiesta estaba empezando, y ahí estaba ella, en el medio de la pista, como nacida y condenada a morir en el medio de la misma. Se movía con la gracia que solo podía cubrir un alma perdida en la música. Nadie que no tuviese una historia podía bailar así, tan queriendo descargar, tan queriendo.... vivir. Me acerqué. Ella olía a cerveza complementada con otro tipo de sustancias, mientras que mi exceso de perfume podía olerse a cuadras de distancia. Hizo un comentario sobre mi pelo. Hice un comentario de su vestido. Casi queriendo conocer como había llegado a parar en ese antro de almas perdidas en donde ambas nos encontramos, le pregunté cual era su nombre, a lo que ella evadió con un ''si bailas esto conmigo, por ahí te lo digo''. No entendía bien lo que quería decir, pero entre el alcohol, el humo y la euforia, no tardé en seguirla dentro del abismo de gente compenetrada en ese patio semi-techado. Pronto el perfume se desvaneció con algo de sudor, y luego de un rato procedió, agarrando mi mano, a sacarme de ahí. Yo seguía sin entender que era lo que ocurría, no creí que ella fuese real, por un momento pensé que las drogas me habían causado una hermosa alucinación, hasta que sentí unos labios colapsar contra los míos, y por más inconsciente que estuviese, eso no podía clasificarse como una experiencia extra corpórea causada por las sospechosas sustancias consumidas. Era real. 


- Para vos soy Cami. Para mi familia Camila, y es la primera vez en un año que uso un vestido -  Me quedé en silencio un momento. Intenté re-acomodar las palabras sueltas dentro de mi cabeza como para decir algo interesante, o por lo menos algo que no resalte lo ebria que estaba.

- Bueno Cami, para vos soy Lu, para mis amigos también, mi familia me dice igual y dejame decirte que lo luciste muy bien a tu vestido nuevo


- No es nuevo, lamentablemente. Es de una amiga, una que ya no está.


El silencio se apoderó del momento. 


- Ya veo ¿Así que vos también estás acá para perderte? 


- Efectivamente 


- Seguramente tu amiga era muy linda, a juzgar por el vestido, digo.


- Lo era, se mató hace unos meses.


Por un instante un deja vú se apoderó de mis pensamientos y todo se resumió al momento que perdí a Agustina. 


- Sé lo que se siente, mi mejor amiga se mató hace unos dos años, creeme que podés introducir todo material específicamente inventado para atrofiar la memoria, pero estas cosas no se olvidan con whisky, medicamentos o salidas turbias a lugares desconocidos. 


- Llevame a un lugar tranquilo, quiero charlar.



La saque lo más rápido posible. Sentí que por un momento encontré una persona que realmente podía entender como funcionaba mi dolor. Llegar a Camila fué como encontrar la última pieza de un rompecabezas. 

Fuimos dentro de la casa. El aire estaba casi tan cargado como el de afuera, con la diferencia que la música estaba más baja y cada rincón minimamente oscuro era el lugar perfecto para el intercambio de cuerpos. Conseguimos llegar al cuarto de la anfitriona y cerramos la puerta. Para asegurarnos que nadie interrumpiese, mi compañera del vestido corto tuvo la iniciativa de correr una mesita de luz frente a la puerta. Alternativa que funcionaría mejor de lo esperado. La charla comenzó con su historia, terminando por la mía. Yo sentada en posición india sostenía su cabeza con mis piernas, atreviéndome a acariciar su pelo morocho completamente infestado de nudos. Resulta que su mejor amiga se había quitado la vida con un cuchillo atravesando su cuello. Los motivos para el acto sobraban; deudas con dealers, malas notas en el boletín, madre ausente, padre estricto, sexualidad dudosa... La violencia y la falta de sensibilidad en las palabras de Camila me impactaban, hasta que rompió en llanto; ''yo tendría que haber estado ahí, yo era quien la escuchaba, pero llegó un momento que no podía aguantar lo que decía y tuve que alejarme, pensé que alejarme iba a hacerle bien, que iba a recapacitar, pero a la semana recibí el llamado y ...'' - Y el mundo nunca volvió a ser lo mismo. Completé su frase. Ella me miró. Sus gigantes ojos azules perdidos en la oscuridad apenas se notaban. No quería llorarle a una extraña, pero por alguna razón las lágrimas no paraban de caer. En un acto reflejo le agarré la cara secándole las mejillas. Quise decir algo, pero en su lugar, callé. La abracé con todo el amor que pude dar y aún así no lo sentí suficiente. Intentando romper el silencio para amortiguar el dolor, pregunté por el vestido. ''A ella le encantaba este vestido. Yo siempre le dije que era un vestido de re mierda, que la hacía parecer una puta y que al final lo único que hacía era calentar desconocidos al pedo'' - Ah .... sutil -  Conseguí que esbozara una sonrisa. ''Cuando pasó lo que pasó, lo primero que hice fué ir a la casa, agarrar su vestido favorito y querer quemarlo. No sé. Un impulso. Una forma de deshacerme de los recuerdos supongo... pero antes de hacerlo mierrrrrda me lo puse. Seguro vas a pensar que soy una esquizofrénica del orto, pero juro que sentí como ella me miraba y sonreía, de algún lado, sentí que lo hacía''   No sabía que hacer. Intenté decir algo, pero las palabras se trancaron junto mi lengua. Quería decirle, gritarle, enseñarle que comprendía por todo lo que había pasado. Quería tener la iniciativa de decirle que todo iba a estar a bien, aunque no lo estuviese, aunque nunca volvería a estar bien. Saqué mi celular del bolsillo. Ella parecía el tipo de chica que escuchaba la música alternativa que yo, dudaba que no lo hiciese. Bajo ese vestido se encontraba un alma semi punk cargada de recuerdos. Esperé a que la música de afuera bajara un poco, pero en su defecto, cerré las ventanas. Casi en silencio, puse canciones desde el aparato. Los Manic Street Preachers parecían la opción más factible para un momento como ese. 

Laid yourself out under the stars, some peace at last so don't be sad, a fitting end to your end, but baby, death's our only friend (...) your future glories all empty of thoughts, there's beauty doing nothing at all, It's what you wanted, it's what you got, your final search for truth has stopped (♪)


Llegó el decisivo momento de la noche donde finalmente lo consumido comenzó a fermentar y eventualmente me quedé sobre el colchón que ambas habíamos tirado en el piso. Cuando desperté ella ya no estaba. Tratando de sobrevivir al dolor de cabeza comencé a buscarla en cada cuerpo desmayado que se cruzaba en mi camino, pero fué tiempo perdido. Ya no estaba. Nadie recordaba haberla visto, y con suerte cada uno recordaba su propio nombre. Volví al colchón donde todo había comenzado, cuando ví un pedazo de tela azul. Sonreí y caí desmayada otra vez. Yo no lo soñé.