lunes, 1 de diciembre de 2014

''Del miedo a la curiosidad'' Never knows (it's obvio) segunda parte

Mis madrugaditas fuertes son, como para contarte (...) Vos dirás, ya sabes, toda mi miseria ya la conoces, destapando, despacito, mi madrugadita sin calma. Más buscas, más lloras, hay una cabeza que no tiene paz, destapando, despacito, mi nochecita del huracán.  


A La mañana siguiente me desperté con un dolor de cabeza insoportable. Después del viaje en colectivo no me fuí directamente a casa, sino que paré en lo de Ayelén para descansar un poco. Cuando intenté levantarme de la cama sentí una patada en el estomago que me condujo directo al baño. Estuve severos minutos intentando no expulsar lo poco que mi estómago toleraba cuando la puerta del baño se abrió y escuché unas risas casi irónicas acompañadas de un ''que flojita eh..'' Me dí vuelta y efectivamente, era mi compañera de pelo violeta. Me ayudó a levantarme y nos sentamos en la cama. Si bien llegamos a la casa con ella llorando vaya a saber por qué, se acordó muy bien de con quién me encontraba yo al momento de irnos y me bombardeó a preguntas. Creo que solo Ayelén tiene la capacidad de comprimir 200 preguntas y 100 conclusiones en el lapso de 20 segundos, cualidad no muy deseada en ese momento donde trataba de mantener la cordura para no ir a la cocina y agarrar el primer Tramontina que encontrase para cortarme la cabeza. Casi no recordaba la conversación pero sí me acordaba de ella.. él. No sé. Seguía confundida. Mientras intentaba acomodar todas estas fotos que aparecían en algo coherente, sentí un dolor punzante en el cuello. 



Negro.







Volví a abrir los ojos y esta vez estaban todos sentados alrededor mío. Intenté ponerme de pie, cosa que fué inútil, así que me resigne a apoyarme contra la pared. Los miré a todos con expresión de intriga. Pato esbozo una sonrisa. Me había desmayado.
Luego de una secuencia de vómito y desmayo, decidí que era un buen momento para volver a casa. Caminé unas cuadras y me tomé un colectivo. Cuando llegué todo estaba tranquilo, por lo tanto me metí en la cama intentando no emitir sonido. La tranquilidad duró un periodo de 15 minutos porque, cuando estaba a punto de quedarme dormida, me sonó un mensaje. Creyendo que era Movistar ofreciéndome un lujoso 0km abrí la tapita (en ese momento existían los celulares con tapita) y amagué a cerrarlo, cuando reaccioné dándome cuenta que el número era un desconocido. Casi con los ojos llorosos de sueño y cansancio, leí el mensaje.

[Mensaje de nuevo de num desconocido]
Vos te fuiste anoche y no me dejaste ni un msn, a vos te parece, Lucía

-Prácticamente salté de la almohada. No lo podía creer.-

'De donde sacaste mi número??

[Mensaje de nuevo de JF]
Ah ni un hola. Empezamos de vuelta, hola Lu, todo bien?

Mas o menos, me duele la cabeza, no estoy acostumbrada

[Mensaje de nuevo de JF]
Jajajaj mucha joda corazón?

Mucha gente rara que me manda mensajes y no me dice de donde sacó mi celular

[Mensaje de nuevo de JF]
Eso dolió. No soy rara che! Me lo dió pato, nosotros nos conocemos de otro lado

-Lo voy a cagar a trompadas- 

[Mensaje de nuevo de JF]
Por quee. Menos mal que se lo pedi, sino no podriamos haber hablado mas..


Fué en ese momento que mi auténtica basura de celular se dignó a quedarse sin crédito, para variar. Por suerte siempre cuento con $25 de emergencia. Me levanté, me lavé la cara, y abriendo la puerta despacito, me dirigí al kiosko. 
Al lado del kiosko había un teléfono publico, en ese momento todavía no repudiaba las películas de amor por lo tanto agarré un par de monedas que me quedaron en el jean de la noche anterior y las metí en el orificio. Mucho más amoroso hablar por teléfono vieron.. *no* Unos minutos después me encontraba hablando con JF, arreglando un encuentro. 
Esa misma tarde acordamos encontrarnos en una zona que yo conociese y que quedase cómoda para ambas, acordamos que la estación de Olivos iba a ser lo mejor.
No voy a negarlo, estaba nerviosa. Después de cortar el teléfono volví al kiosko a comprar chicles y algo de tomar porque los nervios de volverla a ver me bajaron la presión a -30. Hice tiempo hasta las cuatro de la tarde, cuando me tomé el 333 hasta la estación. En cada parada aumentaba mi entusiasmo, hasta que finalmente llegué. Me acerqué hasta las vías y ahí estaba ella, no voy a mentir estaba diferente. El rol de mujer se lo tomo muy en serio porque jamás me la hubiese imaginado tan femenina. Llevaba puesto un tapado negro, shorts, medias negras y el maquillaje cubría su rostro. Con una sonrisa que abarcaba la mitad de mi cara me acerqué hasta ella. Nos dimos un abrazo y caminamos hasta el puerto. Tenía muchas preguntas para hacerle pero no pude formular ni una sola. El silencio se hacía cómodo. No quería interrumpirlo. Sin embargo ella como la primera vez se dió cuenta, casi leyendo mi mente de que quería hacerle una entrevista a lo c5n, nos sentamos en el pasto húmedo y dejamos que la conversación siguiese su rumbo.
''La primera vez que supe que no me sentía atraída a los hombres, sentí algo diferente en mí. No diferente por el hecho de ser lesbiana, sino diferente por el hecho que me sentía atraída por las mujeres de una forma masculina, y no tanto del lado femenino. Yo no quería ser una chica a la cual le gustaran otras chicas, quería ser un chico, quería ser pibe (...) Asumirlo conmigo misma no fué lo más difícil, en realidad asumirlo con vos misma es lo más fácil de todo porque ya naces con esto, desde chiquita te das cuenta que algo anda mal cuando te pones los zapatos de tu papa en vez de robarle el maquillaje a tu mama. Es raro. Lo difícil se viene a la hora de enfrentarte al mundo viste, a la hora de salir a la calle vestida de pibe y hacerte todo un papel creíble cuando tus rasgos claramente no son masculinos. La gente mira mucho, como analizando si sos un pibe o una piba, no existe nada en medio..'' - Sí, viven queriendo encasillarte en algo, los grises no existen, o blanco o negro. Ahí termina todo, interrumpí.
Sonrió y bajó la cabeza mientras arrancaba pedazos de pasto. Me quede mirando los veleros y siento sus ojos en mí.

¿Nunca te pasó? preguntó. Al principio me sentí algo incomoda con la pregunta, ya que realmente ella estaba insinuando que yo podía ser un hombre y me molestó un poco, no por el hecho de su duda en sí, o que eso se la haya pasado por la cabeza, sino por desconocimiento. Qué sabía yo de ser así.

La verdad nunca Juli, es algo nuevo encontrarme con alguien así, cara a cara. Charlar. Lo más cercano que ví a alguien como vos fueron los travestis que encontras de noche caminando por el centro, o por Palermo, claro que eso es diferente pero, supongo que es lo más cerca. No es que te quiera comparar con ellos ni nada .... Fué ahí cuando me dí cuenta que hablé de más. Me sentía un poco avergonzada, tengo que admitir que quizá me fuí de rosca planteándole una situación y la pude ofender. Sin embargo, ella se empezó a reír 

 ¿¿Me estás comparando con un trava?? jajajajajajaj


Nos empezamos a reír ruidosamente. La gente que pasaba nos miraba y nosotras nos reíamos el doble. Por alguna razón sentía que podía hablar de cualquier cosa con ella, tomé un poco de confianza y traté de dejar un poco de lado los taboos que me impusieron desde mi infancia, me aventuré un poco más a su mundo, no podía negarme.


¿Vos crees que ser lesbiana es tener que ser como sos vos? Sinceramente no sé como formular esta pregunta sin sonar como una estúpida total, pero estoy tan fuera de todo esto que no sé, no entiendo

¿Como yo te referís a salir vestida como un chongo y actuar como uno?



No sé, supongo que no. Va, yo tengo entendido que sí. De todas formas lo mío es diferente, yo no soy trava ni torta, soy queer.

Esa fué la primera vez que escuché el término queer. No supe a qué se refería, me pareció que ya había hecho demasiados planteos fuera de lugar como para preguntarle que carajo era un queer. Gracias a mis expresiones marcadas, una vez más y como de costumbre, Juli me leyó el pensamiento.

Seguramente no sabes lo que es un queer. Yo te explico. Ser queer es no encasillarte en una sola etiqueta, no sos gay, no sos lesbiana. Lamentablemente vivimos en un mundo donde si sos gay tenes que tener ciertos deseos o si sos lesbiana ciertas características. Esta palabra es mucho más amplia y te permite cierta libertad..

Sos todo una filosofa 

Ya son casi las siete y algo

Entonces sos todo un filosofo


Ambas nos reímos otra vez, se estaba poniendo oscuro y yo después de una secuencia bastaste larga necesitaba descansar. Juli me acompañó hasta la parada y paró el bondi por mí. Me estaba por subir cuando me dió un beso en el cuello a modo de despedida. Si hay algo que no le podes hacer a una persona torpe es despedirla de esa manera.

Tropecé con el escalón.

Ambas reímos.


Un mundo nuevo me abría las puertas y yo no podía quedarme afuera. Las ganas de volver a verla me sacudían como un huracán. El miedo fué transformándose en curiosidad y mientras tanto, yo esperaba no terminar como el gato.





































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































miércoles, 15 de octubre de 2014

Never knows (it's obvio) primera parte

''Y solo una cosa quiero saber, cuando cuando cuando la vuelvo a ver, quiero quiero quiero saber si la volveré a ver''



Recuerdo la primera vez que ví un chico llorar. Era mi mejor amigo en ese entonces, cursábamos juntos el primario y yo nunca estaba a menos de un metro de su persona. No sé qué era lo que me atraía de él. No solo era blanco como un papel, sino que a veces no se podía diferenciar su comportamiento del de un animal. Empezamos a hablar porque una compañera me empujó en el baño y yo me fuí llorando hacia las escaleras, lugar donde pase la mayor parte del primario, cabe destacar. Corriendo al incomparable y prohibido tercer piso, o ''piso de los grandes'' tropecé con un niño de rodillas huesudas y ojos marrones, cubierto en lágrimas. No me animé a preguntarle que le pasaba pero si estaba en ese lugar conmigo no era por tener demasiados amigos. Me limité a sentarme a su lado para brindarle la compañía que le faltaba, sin darme cuenta que él me brindaría la calma que necesitaba. Luego de unos largos 10 minutos de recreo, ambos volvimos al aula. Le dí una servilleta para que secase sus lágrimas y él me dió un tatuaje temporal que llevaba en su bolsillo.
Pasaron dos horas de clase si mal no recuerdo, cuando volví nuevamente a ese lapso de tiempo infernal que se hace llamar recreo. No sentí la necesidad de compañía. La realidad es que estaba muy triste y no tenía muchas opciones. La biblioteca era un antro cerrado con secretarias que mejor no dirigirles la palabra, el patio estaba lleno de nenas saltando la soga o nenes jugando al fútbol con pelotas caseras de papel y el otro patio colmado de personas mayores. Nuevamente ahogada en resignación me dirigí a la escalera, donde me encontré con mi amigo, nuevamente, llorando.

- ¿Qué te pasa?
- Nada
- ¿Y por qué lloras?
- Porque sí
- Mama me dijo que porque sí no es una respuesta
- Porque me pegaron con la pelota pero no se puede llorar si sos varón
- ¿Por qué?
- Porque sos maricón
- ¿Qué es maricón?
- Cuando sos un varón y lloras es ser maricón


La infancia se presenta como la fase más importante de nuestra vida. Nos inculcan distintos valores, por los cuales nosotros hacemos crecer los propios, como si fuésemos un invernadero de sabiduría. La realidad es que cuando se es pequeño nunca se recibe realmente la verdad. Así como cuando una mascota desaparecía y nos presentaban todo el cuento del cielo de los perros y los gatos que convivían en armonía, los roles del hombre y la mujer, también se volvían un cuento. Descubrir que sos diferente al resto es algo completamente inexplicable. Cuando uno se nota diferente a un grupo del que se es parte, siente como un pequeño timbre dentro suyo, vibrando, sonando, no existen realmente las palabras que puedan describir ese ''algo'' que se estanca en el pecho como un aguijón, pero sí sabes algo, y es que cambiarlo es imposible. Uno jamás puede cambiar quién es.

O sí.


Yo tenía 14 años recién cumplidos cuando la conocí a Ayelén. Ella era una persona no solo abierta, sino que un poco extrovertida, y un poco... diferente. El pelo era violeta, y sus muñecas estaban colmadas de pulseras, qué mas tarde me enteré eran para ocultar sus diversos dibujos en la piel. Sus amigos no eran como los míos. Sus amigos usaban vestidos, sus amigos se maquillaban, sus amigos se llamaban Agustín y Mariana al mismo tiempo. Nunca pensé que me abriría las puertas a un mundo del cual yo sería parte. 
La quinta vez que fuí a bailar, fuí con ella y los ''pibes''. Tomamos el tren desde Olivos a La Lucila, eran alrededor de las 11 de la noche. La iluminación callejera cegaba los ojos y el corazón se me aceleraba cada vez que perdía de vista a la chica del pelo violeta. 
Llegamos a destino, sus amigos ya estaban al borde del coma alcohólico, yo estaba limpia y ella perdida, como siempre. Caminamos unas 5 cuadras y nos encontramos con una puerta casi oculta en una pared de ladrillos pelados, Aye la abrió y tomó algo escondido en el buzón, a continuación nos hizo una seña y entramos. Pasamos por un pasillo largo sin techar hasta llegar a una especie de lavadero, donde pasamos otra puerta y nos encontramos con un balcón gigante. El mundo se dió vuelta. Perdí la cuenta a los 50 chicos. Rápidamente nuestro grupo se disolvió buscando compañía nocturna y yo perdí de vista a mi única brújula, lo más sensato hubiese sido ir bailar y disfrutar, pero la angustia me tomó de la mano dirigiéndome hacia el lugar más tranquilo que pudiese encontrar, cuando mi otra mano fué tomaba por Ayelén, que olió desde lejos mi próximo ataque de pánico. Me llevó hasta donde estaban los chicos, estaban sentados en puffs rasgados y sucios. Mis pensamientos no salían del radio ''acá me van a matar'' y ''es momento de pensar qué fotos pasables hay en mi Facebook porque soy la próxima noticia de Crónica'' ahí fué cuando Pato, uno de los chicos que nos acompañaba, me dió una lata de Sprite con ''polvito angelical'' como le decía él. Me calmé un poco. A continuación mis sentidos se sensibilizaron y escuché un grito.

ME ENCANTA ESTA CANCIÓN TENÉS QUE VENIR

Pelo violeta me tiró de la remera llevándome al medio del galpón, de fondo sonaba nerdkids y ella no paraba de gritar la canción. No sé si fueron las drogas o fueron sus gritos, pero llegó un momento que necesité tomar algo de aire. Me acerqué a Aye y le comente que iba un rato afuera, a lo que ella casi a todo pulmón gritó ''dale pero no te vayas con nadie''. Salí casi corriendo hasta el pasillo donde apoyé mi cabeza contra la pared y como acto reflejo tiré la espalda contra la misma, sentándome. Estuve unos 15 minutos intentando buscar la manera de sacarme las ganas de vomitar, cuando aparecieron dos personas aspirándose el alma de un beso. La situación llevó mi incomodidad a niveles inexplicables, me alejé como para que no me notasen, cuando me choqué con un individuo de chaleco de jean, pantalones rotos, pelo corto, piercing en ambos lados del labio inferior y altura considerable. Nos miramos, miramos atrás a las dos personas que aún seguían succionándose y nos reímos. Me presenté como Lu, se presentó como Fede. Nos sentamos frente a frente y comenzamos a charlar. Su timbre de voz era bastante delicado y agudo como para ser de hombre. También noté que no tenía barba. Mientras todas estas conclusiones flotaban en mi materia gris, Fede no tardó en notar mi intensión exasperante de hacer la pregunta. Esbozó una sonrisa al sonido del ''está bien, pregúntame''. Mi cara automáticamente se enrojeció y bajé la mirada. Sabía que estaba haciendo una pregunta estúpida para una respuesta obvia, sin embargo no podía no preguntarle ni negarme la satisfacción de la respuesta.

- Dale, preguntame
- Seguramente ya te lo preguntaron mil veces y ya sé la respuesta
- Sacatelo de encima 
- ¿Sos hombre o mujer? 

Sonreí para alivianar la tensión que pensé estaba provocando.

- La verdad no lo tengo definido, soy Fede y soy Juli al mismo tiempo. No creo que exista algún nombre para esto, pero tampoco quiero saber. Es como un juego viste, te vas cambiando los disfraces. Me gusta pensar que es un juego porque siempre me dió miedo quedar en el medio. Es como estar suspendido en un espacio en blanco.

Aunque decenas de preguntas surgían en mi cabeza, me limité a sonreírle. 

- ¿Por qué sonreís tanto?
- Es que, si te digo que un poco te entiendo te reirías de mí, siendo tan confiada con vos misma, digo, confiado, perdón. No estoy acostumbrada.
- La verdad no me molesta. Estoy acostumbrado a esto, y sí, se nota que entendes.
- ¿Cómo que se nota?
- ¿Vos viste como miras? Las miradas no se confunden, Lu. Yo me cruzo con gente que me mira a diario y ya con solo los ojos se nota cuando te desprecian. Ahora explícame ¿cómo es eso de que me entendes?


Nuevamente mi mirada se dirigió directo al piso. No sabía como filtrar todos los pensamientos que surgían como fuegos artificiales y articularlos en palabras. Siempre me costó hablar frente a frente, no por carencia de argumentos, palabras o relatos, sino el simple hecho de hablar me incomoda. Me trabo, me pierdo, repito. Sin un papel estoy prácticamente perdida y una de esas maquinitas para mudos nunca me hubiese venido mal, pero luego de severos minutos de silencio logré reacomodar ese monologo que venía dando vueltas en mi cabeza y que tanto quise compartir con otra persona. Cuando estuve a punto de hablar, una puerta se abrió de manera desaforada, de la cual salió Pato, con Aye llorando en sus brazos. Los miré a ambos, ella estaba completamente exiliada de la realidad y él responsable como siempre la tomó en sus brazos. Era momento de irnos. Abracé fuerte a Fede, y lo saludé como tal. Ya era prácticamente de día, a lo que él respondió: no Lu, soy Juli.


 Me dió un beso en el cachete y salimos corriendo con Pato y los demás chicos. Todo el viaje de vuelta reproduje la noche en mi cabeza como si fuese una película. 


Tenía que volver a verla.






sábado, 2 de agosto de 2014

Estación de servicio (love is a losing game)

Ojos azules simulando un océano, ella volvía al mismo cuarto de hotel ambientando con luces rojas que inundaban el mismo cual entrada al infierno. El amor ya no la consumía y no entendía qué hacía así. Siente manos tocando su cuerpo y aún así no emite resistencia. Su pelo largo, morocho, es tomado mientras algo o alguien irreconocible comienza a tocarla. Se ausenta la capacidad de sentir algo que no sea repulsión pero aún así ella no se mueve, no emite un gesto.. nada; solo se deja estar hasta que el individuo termine, dejándola libre para otra experiencia. Las voces de su cabeza gritan auxilio, nadie podía ayudarla. Un recuerdo le guía y a destiempo va corriendo hacía la ducha. Repetidas veces intenta desterrar las marcas invisibles de aquél momento enfermo. Busca aire, busca algo que no sabe qué es, pero sabe que está. En alguna parte está. Los gritos de ayuda emanaban desde bajo la lluvia de la ducha, mientras que el agua lavaba su cuerpo ella fijaba su mirada en los azulejos, distante del mundo. Las ojeras tomaban su rostro. Sale de la ducha, se seca, vuelve a colocarse el suéter rojo y el jean oscuro que había quedado desparramado en el piso, junto con su coraje por enfrentar el pasado. Suena el celular.

- Paula... ¿dónde estas?
- ... Estaba comprando unas cosas en la estación de servicio
- Hace dos horas que te estoy llamando
- Había mucho ruido
- Son las cuatro de la mañana
- Es 24hs esta, si no te sentís seguro pasame a buscar
- Ya estoy agarrando el auto, esperame allá


Paula caminó hacia la estación de servicio más cercana. La noche estaba nublada, pronto iba a llover. Compro una botella de vodka, la escondió en la mochila negra. Se sentó en el cordón de la calle, Santiago no tardó en llegar. Se estacionó a 2 cuadras y fué caminando hacia ella, sentándose a su lado al encontrarla. Comenzó a pensar que podía decirle, como podía orientar las palabras para que sonaran lo menos pesadas posibles, él sabía, como cualquiera que conociese a Paula, que era como una niña, se asustaba y corría con facilidad. Un paso en falso y podía perderla otra vez, para encontrarla nuevamente en otra estación de servicio.

-          Yo sé que estabas con otro tipo, no podés seguir así, me preocupas
-          Yo no le preocupo a nadie, Santiago
-          A mí sí me preocupas, siempre me preocupaste Pau, no por cualquiera agarro el auto y vengo hasta acá para asegurarme qué estés bien
-          Mirá Santi, yo soy así, vos te preocupas porque sos un pelotudo.


Al son de estas palabras, ella abrió la mochila sacando la botella transparente. La abrió rápido, en unos segundos ya había tomado 7 tragos. Uno por cada amante de la noche. Su manera de actuar era perturbadora para alguien de 17 años. Santiago la miraba con brillo en sus ojos, casi buscando algún tipo de luz, algo en ella para aferrarse y no soltarla. Buscaba en ella una señal de afecto, aún sabiendo que Pau no tenía incorporado el amor. Nacida en el seno de una familia distante, de un padre drogadicto y una madre ausente. Para ella el amor era una botella. Un alquiler de cuarto. Una caminata por la avenida a las 3 de la mañana. Una línea o dos. Santiago siendo todo lo contrario, no tardó en caer bajo las finas redes de su desastre. Sentía una necesidad de cuidarla. Cómo si ella lo necesitase a él, como si fuese capaz de sanarla de su dolor.

Nosotros a lo largo de una relación con alguien no notamos que es enfermiza. No notamos cuando nuestros amigos nos dicen ‘’alejate, no es para vos’’ ‘’vas a salir mal, para qué lo seguís intentando’’. A veces no tenemos la capacidad de distinguir a la razón. Creemos que realmente podemos cambiar a alguien, que si el drogadicto se junta con la mujer sana él deja sus vicios, que si el depresivo conoce el amor deja de dibujar sus brazos bajo hojas de gillette, que si la chica que esta con todos conoce al indicado, va a dejar de mendigar amor en cualquier cuerpo. No somos capaces de entender que las personas no cambian, no pueden cambiar su esencia, simplemente no pueden, suponen que es posible porque desde chicos nos bombardean con las películas en las que el amor hace que todo salga bien, si Ariel pudo dejar de ser un pescado para estar con un príncipe, tan difícil no va a ser encaminar un alma en pena por el camino de la luz. Pero la realidad es otra. Personas como Pau no pueden cambiar. Son seres especiales. Alguien que corta sus brazos homenajeando a la muerte es igual a quién busca compañía en el fondo de una botella, o quien alquila el amor todas las noches, seres en extremo sensibles, en extremo especiales. Las cosas nunca están bien alrededor de ellos, apenas comienzan a estar bien, ya sienten que algo anda mal. Creo que a todos un poco nos pasa, cuando sentimos que todo va bien sabemos que se avecina una tormenta destinada a arrasar con todo a su paso. Y es así, uno se consume. Mientras esta todo estable, las cosas van bien, ahora un mínimo cambio destella en el mas terrible de los finales. Son personas extremistas, aclamando al todo o a la nada. Si encuentran la felicidad los llena como un incendio propagándose en un bosque, mientras que si algo altera esto, las horas se ahuecan, el pasado vuelve a tocar la puerta, es esperar en vano algo mejor y rebajarse a pensar que la alegría no va a volver, reanudando los vicios hasta el inminente final.

-          No me trates así Pau, quiero ayudarte
-          ¿Vos no entendés nada no? No podes ayudarme porque no hay nada en lo que puedas ayudar
-          Yo te amo Paula


El silencio se esparció como neblina.  Ella rompió con el sonido de la tapa de la botella deslizándose fuera de la misma,  cuatro tragos más. Se refregó los ojos corriendo el delineador negro que cubría sus párpados, mirando al suelo. Nuevamente tapo la botella y se dirigió hacia él. Intento con todo su ser hablarle de la manera más dulce posible.

-          Vos a mi no me amas
-          No me podes decir qué puedo sentir y qué no, no me vengas con tus jueguitos mentales
-          No son jueguitos mentales, vos a mi no me amas
-          Cómo sabes que yo no te amo
-          Si vos me amases, en este momento te estarías alejando, porque sabrías que si yo me enamorase de vos, eso sería automáticamente atraerte como un imán a mis problemas, a mi forma de ser, y yo no quiero hacerte eso, porque te quiero como a nadie más
-          ¿Ves? Eso quiere que decir que vos también en el fondo me amas
-          No Santiago, yo no amo a nadie, yo no sé amar a nadie
-          Yo te puedo enseñar
-          No me vengas con estupideces te pido que te estoy hablando en serio mientras mantengo mi sobriedad. Vos sabes que yo no quiero a nadie y que así voy a quedarme, si me amas, lo vas a aceptar y te vas a ir
-          Yo no voy a irme
-          Entonces si no vas a irte, no seas boludo y dejá de aprovechar cada momento para declararme tus sentimientos
-          Sos una hija de puta ¿te das cuenta? me preocupo por vos, te digo que te quiero y nunca me das ni la hora. Vivís alegando y diciendo que tu vida es una mierda y que necesitás alguien que la cambie, que te haga sentir bien, que te saque de todo, te ofrezco la oportunidad y lo evadís, como lo hiciste siempre, como lo vivís haciendo conmigo ¿Cuándo te vas a dar cuenta que la vida no es un episodio de Skins y que vas a terminar tirada en la calle con un coma alcohólico sin nadie a quien recurrir cuando estes en el hospital?

Santiago sintió como una lágrima se deslizaba en su rostro. Él nunca había llorado. Las palabras salieron casi gritando de su boca mientras los ojos azules de Paula se abrían como nunca antes. Prendió un cigarrillo. Ambos prendieron un cigarrillo. Él clavó su mirada en el cordón amarillo de la calle. Ya comenzaba a lloviznar, él se puso su gorro negro y ella cubrió su cuerpo con una campera, poniéndose la capucha. Todavía no sabía cómo reaccionar. No sabía qué decir. Sintió la necesidad de darle un beso, pero darle un beso a él con todo lo que esto implicaba, no iba a ser más que una granada con el seguro prácticamente arrancado. Miró a su alrededor.


-          Santi
-          Qué

*tomó una de sus manos, mientras que él miraba sin poder reaccionar bien*

-          ¿Ves esta estación de servicio?
-          Sí ¿qué tiene?
-          Yo soy así. Acá nadie se queda por más de un rato. Toma un café, por ahí almuerza, o simplemente carga el auto, pasa la tarjeta, y se va, quizás para nunca más volver.
-         
-          Esto esta lleno de nafta. Si en este momento llego a hacer una chispa, una minima chispa, un pequeño fuego, estalla todo. Absolutamente todo. Pium. A la mierda. Junto con todo lo que hay a mi alrededor.
-          No entiendo a donde querés llegar
-          Quiero llegar a que no puedo encender un fuego en mí que no soy capaz de controlar. Porque voy a estallar. Y voy a quemar a todos alrededor mío, gente que conozco, gente que no conozco, y yo no puedo darme el lujo de lastimar. Menos a vos. Tenes que entender que no podes enamorarte de mí, porque destruyo todo a mi paso, y destruirte a vos, sería imperdonable.

Santiago levantó la vista y la besó. Ambos se pararon y se abrazaron. Él camino de vuelta a su coche con lágrimas en los ojos mientras que ella miró como el posible y único amor de su vida se alejaba por algo mejor.  Susurró.


- Te amo, Santiago.

lunes, 14 de julio de 2014

El vestido azul

Las luces eran tenues, coloridas. La oscuridad se difuminaba con el humo. Remeras de Misfits, los Ramones, Fun People, Nirvana... mientras yo permanecía en la cocina tomando quién sabe qué de un vaso ajeno, fué cuando levante la vista, y, a través de la ventana, la ví. Estaba bailando con un vestido azulado sumamente corto, y exageradamente escotado. 


La fiesta estaba empezando, y ahí estaba ella, en el medio de la pista, como nacida y condenada a morir en el medio de la misma. Se movía con la gracia que solo podía cubrir un alma perdida en la música. Nadie que no tuviese una historia podía bailar así, tan queriendo descargar, tan queriendo.... vivir. Me acerqué. Ella olía a cerveza complementada con otro tipo de sustancias, mientras que mi exceso de perfume podía olerse a cuadras de distancia. Hizo un comentario sobre mi pelo. Hice un comentario de su vestido. Casi queriendo conocer como había llegado a parar en ese antro de almas perdidas en donde ambas nos encontramos, le pregunté cual era su nombre, a lo que ella evadió con un ''si bailas esto conmigo, por ahí te lo digo''. No entendía bien lo que quería decir, pero entre el alcohol, el humo y la euforia, no tardé en seguirla dentro del abismo de gente compenetrada en ese patio semi-techado. Pronto el perfume se desvaneció con algo de sudor, y luego de un rato procedió, agarrando mi mano, a sacarme de ahí. Yo seguía sin entender que era lo que ocurría, no creí que ella fuese real, por un momento pensé que las drogas me habían causado una hermosa alucinación, hasta que sentí unos labios colapsar contra los míos, y por más inconsciente que estuviese, eso no podía clasificarse como una experiencia extra corpórea causada por las sospechosas sustancias consumidas. Era real. 


- Para vos soy Cami. Para mi familia Camila, y es la primera vez en un año que uso un vestido -  Me quedé en silencio un momento. Intenté re-acomodar las palabras sueltas dentro de mi cabeza como para decir algo interesante, o por lo menos algo que no resalte lo ebria que estaba.

- Bueno Cami, para vos soy Lu, para mis amigos también, mi familia me dice igual y dejame decirte que lo luciste muy bien a tu vestido nuevo


- No es nuevo, lamentablemente. Es de una amiga, una que ya no está.


El silencio se apoderó del momento. 


- Ya veo ¿Así que vos también estás acá para perderte? 


- Efectivamente 


- Seguramente tu amiga era muy linda, a juzgar por el vestido, digo.


- Lo era, se mató hace unos meses.


Por un instante un deja vú se apoderó de mis pensamientos y todo se resumió al momento que perdí a Agustina. 


- Sé lo que se siente, mi mejor amiga se mató hace unos dos años, creeme que podés introducir todo material específicamente inventado para atrofiar la memoria, pero estas cosas no se olvidan con whisky, medicamentos o salidas turbias a lugares desconocidos. 


- Llevame a un lugar tranquilo, quiero charlar.



La saque lo más rápido posible. Sentí que por un momento encontré una persona que realmente podía entender como funcionaba mi dolor. Llegar a Camila fué como encontrar la última pieza de un rompecabezas. 

Fuimos dentro de la casa. El aire estaba casi tan cargado como el de afuera, con la diferencia que la música estaba más baja y cada rincón minimamente oscuro era el lugar perfecto para el intercambio de cuerpos. Conseguimos llegar al cuarto de la anfitriona y cerramos la puerta. Para asegurarnos que nadie interrumpiese, mi compañera del vestido corto tuvo la iniciativa de correr una mesita de luz frente a la puerta. Alternativa que funcionaría mejor de lo esperado. La charla comenzó con su historia, terminando por la mía. Yo sentada en posición india sostenía su cabeza con mis piernas, atreviéndome a acariciar su pelo morocho completamente infestado de nudos. Resulta que su mejor amiga se había quitado la vida con un cuchillo atravesando su cuello. Los motivos para el acto sobraban; deudas con dealers, malas notas en el boletín, madre ausente, padre estricto, sexualidad dudosa... La violencia y la falta de sensibilidad en las palabras de Camila me impactaban, hasta que rompió en llanto; ''yo tendría que haber estado ahí, yo era quien la escuchaba, pero llegó un momento que no podía aguantar lo que decía y tuve que alejarme, pensé que alejarme iba a hacerle bien, que iba a recapacitar, pero a la semana recibí el llamado y ...'' - Y el mundo nunca volvió a ser lo mismo. Completé su frase. Ella me miró. Sus gigantes ojos azules perdidos en la oscuridad apenas se notaban. No quería llorarle a una extraña, pero por alguna razón las lágrimas no paraban de caer. En un acto reflejo le agarré la cara secándole las mejillas. Quise decir algo, pero en su lugar, callé. La abracé con todo el amor que pude dar y aún así no lo sentí suficiente. Intentando romper el silencio para amortiguar el dolor, pregunté por el vestido. ''A ella le encantaba este vestido. Yo siempre le dije que era un vestido de re mierda, que la hacía parecer una puta y que al final lo único que hacía era calentar desconocidos al pedo'' - Ah .... sutil -  Conseguí que esbozara una sonrisa. ''Cuando pasó lo que pasó, lo primero que hice fué ir a la casa, agarrar su vestido favorito y querer quemarlo. No sé. Un impulso. Una forma de deshacerme de los recuerdos supongo... pero antes de hacerlo mierrrrrda me lo puse. Seguro vas a pensar que soy una esquizofrénica del orto, pero juro que sentí como ella me miraba y sonreía, de algún lado, sentí que lo hacía''   No sabía que hacer. Intenté decir algo, pero las palabras se trancaron junto mi lengua. Quería decirle, gritarle, enseñarle que comprendía por todo lo que había pasado. Quería tener la iniciativa de decirle que todo iba a estar a bien, aunque no lo estuviese, aunque nunca volvería a estar bien. Saqué mi celular del bolsillo. Ella parecía el tipo de chica que escuchaba la música alternativa que yo, dudaba que no lo hiciese. Bajo ese vestido se encontraba un alma semi punk cargada de recuerdos. Esperé a que la música de afuera bajara un poco, pero en su defecto, cerré las ventanas. Casi en silencio, puse canciones desde el aparato. Los Manic Street Preachers parecían la opción más factible para un momento como ese. 

Laid yourself out under the stars, some peace at last so don't be sad, a fitting end to your end, but baby, death's our only friend (...) your future glories all empty of thoughts, there's beauty doing nothing at all, It's what you wanted, it's what you got, your final search for truth has stopped (♪)


Llegó el decisivo momento de la noche donde finalmente lo consumido comenzó a fermentar y eventualmente me quedé sobre el colchón que ambas habíamos tirado en el piso. Cuando desperté ella ya no estaba. Tratando de sobrevivir al dolor de cabeza comencé a buscarla en cada cuerpo desmayado que se cruzaba en mi camino, pero fué tiempo perdido. Ya no estaba. Nadie recordaba haberla visto, y con suerte cada uno recordaba su propio nombre. Volví al colchón donde todo había comenzado, cuando ví un pedazo de tela azul. Sonreí y caí desmayada otra vez. Yo no lo soñé.