sábado, 2 de agosto de 2014

Estación de servicio (love is a losing game)

Ojos azules simulando un océano, ella volvía al mismo cuarto de hotel ambientando con luces rojas que inundaban el mismo cual entrada al infierno. El amor ya no la consumía y no entendía qué hacía así. Siente manos tocando su cuerpo y aún así no emite resistencia. Su pelo largo, morocho, es tomado mientras algo o alguien irreconocible comienza a tocarla. Se ausenta la capacidad de sentir algo que no sea repulsión pero aún así ella no se mueve, no emite un gesto.. nada; solo se deja estar hasta que el individuo termine, dejándola libre para otra experiencia. Las voces de su cabeza gritan auxilio, nadie podía ayudarla. Un recuerdo le guía y a destiempo va corriendo hacía la ducha. Repetidas veces intenta desterrar las marcas invisibles de aquél momento enfermo. Busca aire, busca algo que no sabe qué es, pero sabe que está. En alguna parte está. Los gritos de ayuda emanaban desde bajo la lluvia de la ducha, mientras que el agua lavaba su cuerpo ella fijaba su mirada en los azulejos, distante del mundo. Las ojeras tomaban su rostro. Sale de la ducha, se seca, vuelve a colocarse el suéter rojo y el jean oscuro que había quedado desparramado en el piso, junto con su coraje por enfrentar el pasado. Suena el celular.

- Paula... ¿dónde estas?
- ... Estaba comprando unas cosas en la estación de servicio
- Hace dos horas que te estoy llamando
- Había mucho ruido
- Son las cuatro de la mañana
- Es 24hs esta, si no te sentís seguro pasame a buscar
- Ya estoy agarrando el auto, esperame allá


Paula caminó hacia la estación de servicio más cercana. La noche estaba nublada, pronto iba a llover. Compro una botella de vodka, la escondió en la mochila negra. Se sentó en el cordón de la calle, Santiago no tardó en llegar. Se estacionó a 2 cuadras y fué caminando hacia ella, sentándose a su lado al encontrarla. Comenzó a pensar que podía decirle, como podía orientar las palabras para que sonaran lo menos pesadas posibles, él sabía, como cualquiera que conociese a Paula, que era como una niña, se asustaba y corría con facilidad. Un paso en falso y podía perderla otra vez, para encontrarla nuevamente en otra estación de servicio.

-          Yo sé que estabas con otro tipo, no podés seguir así, me preocupas
-          Yo no le preocupo a nadie, Santiago
-          A mí sí me preocupas, siempre me preocupaste Pau, no por cualquiera agarro el auto y vengo hasta acá para asegurarme qué estés bien
-          Mirá Santi, yo soy así, vos te preocupas porque sos un pelotudo.


Al son de estas palabras, ella abrió la mochila sacando la botella transparente. La abrió rápido, en unos segundos ya había tomado 7 tragos. Uno por cada amante de la noche. Su manera de actuar era perturbadora para alguien de 17 años. Santiago la miraba con brillo en sus ojos, casi buscando algún tipo de luz, algo en ella para aferrarse y no soltarla. Buscaba en ella una señal de afecto, aún sabiendo que Pau no tenía incorporado el amor. Nacida en el seno de una familia distante, de un padre drogadicto y una madre ausente. Para ella el amor era una botella. Un alquiler de cuarto. Una caminata por la avenida a las 3 de la mañana. Una línea o dos. Santiago siendo todo lo contrario, no tardó en caer bajo las finas redes de su desastre. Sentía una necesidad de cuidarla. Cómo si ella lo necesitase a él, como si fuese capaz de sanarla de su dolor.

Nosotros a lo largo de una relación con alguien no notamos que es enfermiza. No notamos cuando nuestros amigos nos dicen ‘’alejate, no es para vos’’ ‘’vas a salir mal, para qué lo seguís intentando’’. A veces no tenemos la capacidad de distinguir a la razón. Creemos que realmente podemos cambiar a alguien, que si el drogadicto se junta con la mujer sana él deja sus vicios, que si el depresivo conoce el amor deja de dibujar sus brazos bajo hojas de gillette, que si la chica que esta con todos conoce al indicado, va a dejar de mendigar amor en cualquier cuerpo. No somos capaces de entender que las personas no cambian, no pueden cambiar su esencia, simplemente no pueden, suponen que es posible porque desde chicos nos bombardean con las películas en las que el amor hace que todo salga bien, si Ariel pudo dejar de ser un pescado para estar con un príncipe, tan difícil no va a ser encaminar un alma en pena por el camino de la luz. Pero la realidad es otra. Personas como Pau no pueden cambiar. Son seres especiales. Alguien que corta sus brazos homenajeando a la muerte es igual a quién busca compañía en el fondo de una botella, o quien alquila el amor todas las noches, seres en extremo sensibles, en extremo especiales. Las cosas nunca están bien alrededor de ellos, apenas comienzan a estar bien, ya sienten que algo anda mal. Creo que a todos un poco nos pasa, cuando sentimos que todo va bien sabemos que se avecina una tormenta destinada a arrasar con todo a su paso. Y es así, uno se consume. Mientras esta todo estable, las cosas van bien, ahora un mínimo cambio destella en el mas terrible de los finales. Son personas extremistas, aclamando al todo o a la nada. Si encuentran la felicidad los llena como un incendio propagándose en un bosque, mientras que si algo altera esto, las horas se ahuecan, el pasado vuelve a tocar la puerta, es esperar en vano algo mejor y rebajarse a pensar que la alegría no va a volver, reanudando los vicios hasta el inminente final.

-          No me trates así Pau, quiero ayudarte
-          ¿Vos no entendés nada no? No podes ayudarme porque no hay nada en lo que puedas ayudar
-          Yo te amo Paula


El silencio se esparció como neblina.  Ella rompió con el sonido de la tapa de la botella deslizándose fuera de la misma,  cuatro tragos más. Se refregó los ojos corriendo el delineador negro que cubría sus párpados, mirando al suelo. Nuevamente tapo la botella y se dirigió hacia él. Intento con todo su ser hablarle de la manera más dulce posible.

-          Vos a mi no me amas
-          No me podes decir qué puedo sentir y qué no, no me vengas con tus jueguitos mentales
-          No son jueguitos mentales, vos a mi no me amas
-          Cómo sabes que yo no te amo
-          Si vos me amases, en este momento te estarías alejando, porque sabrías que si yo me enamorase de vos, eso sería automáticamente atraerte como un imán a mis problemas, a mi forma de ser, y yo no quiero hacerte eso, porque te quiero como a nadie más
-          ¿Ves? Eso quiere que decir que vos también en el fondo me amas
-          No Santiago, yo no amo a nadie, yo no sé amar a nadie
-          Yo te puedo enseñar
-          No me vengas con estupideces te pido que te estoy hablando en serio mientras mantengo mi sobriedad. Vos sabes que yo no quiero a nadie y que así voy a quedarme, si me amas, lo vas a aceptar y te vas a ir
-          Yo no voy a irme
-          Entonces si no vas a irte, no seas boludo y dejá de aprovechar cada momento para declararme tus sentimientos
-          Sos una hija de puta ¿te das cuenta? me preocupo por vos, te digo que te quiero y nunca me das ni la hora. Vivís alegando y diciendo que tu vida es una mierda y que necesitás alguien que la cambie, que te haga sentir bien, que te saque de todo, te ofrezco la oportunidad y lo evadís, como lo hiciste siempre, como lo vivís haciendo conmigo ¿Cuándo te vas a dar cuenta que la vida no es un episodio de Skins y que vas a terminar tirada en la calle con un coma alcohólico sin nadie a quien recurrir cuando estes en el hospital?

Santiago sintió como una lágrima se deslizaba en su rostro. Él nunca había llorado. Las palabras salieron casi gritando de su boca mientras los ojos azules de Paula se abrían como nunca antes. Prendió un cigarrillo. Ambos prendieron un cigarrillo. Él clavó su mirada en el cordón amarillo de la calle. Ya comenzaba a lloviznar, él se puso su gorro negro y ella cubrió su cuerpo con una campera, poniéndose la capucha. Todavía no sabía cómo reaccionar. No sabía qué decir. Sintió la necesidad de darle un beso, pero darle un beso a él con todo lo que esto implicaba, no iba a ser más que una granada con el seguro prácticamente arrancado. Miró a su alrededor.


-          Santi
-          Qué

*tomó una de sus manos, mientras que él miraba sin poder reaccionar bien*

-          ¿Ves esta estación de servicio?
-          Sí ¿qué tiene?
-          Yo soy así. Acá nadie se queda por más de un rato. Toma un café, por ahí almuerza, o simplemente carga el auto, pasa la tarjeta, y se va, quizás para nunca más volver.
-         
-          Esto esta lleno de nafta. Si en este momento llego a hacer una chispa, una minima chispa, un pequeño fuego, estalla todo. Absolutamente todo. Pium. A la mierda. Junto con todo lo que hay a mi alrededor.
-          No entiendo a donde querés llegar
-          Quiero llegar a que no puedo encender un fuego en mí que no soy capaz de controlar. Porque voy a estallar. Y voy a quemar a todos alrededor mío, gente que conozco, gente que no conozco, y yo no puedo darme el lujo de lastimar. Menos a vos. Tenes que entender que no podes enamorarte de mí, porque destruyo todo a mi paso, y destruirte a vos, sería imperdonable.

Santiago levantó la vista y la besó. Ambos se pararon y se abrazaron. Él camino de vuelta a su coche con lágrimas en los ojos mientras que ella miró como el posible y único amor de su vida se alejaba por algo mejor.  Susurró.


- Te amo, Santiago.

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