Ojos azules simulando un océano, ella volvía
al mismo cuarto de hotel ambientando con luces rojas que inundaban el mismo
cual entrada al infierno. El amor ya no la consumía y no entendía qué hacía
así. Siente manos tocando su cuerpo y aún así no emite resistencia. Su pelo
largo, morocho, es tomado mientras algo o alguien irreconocible comienza a
tocarla. Se ausenta la capacidad de sentir algo que no sea repulsión pero aún
así ella no se mueve, no emite un gesto.. nada; solo se deja estar hasta que el
individuo termine, dejándola libre para otra experiencia. Las voces de su
cabeza gritan auxilio, nadie podía ayudarla. Un recuerdo le guía y a destiempo
va corriendo hacía la ducha. Repetidas veces intenta desterrar las marcas
invisibles de aquél momento enfermo. Busca aire, busca algo que no sabe qué es,
pero sabe que está. En alguna parte está. Los gritos de ayuda emanaban desde
bajo la lluvia de la ducha, mientras que el agua lavaba su cuerpo ella fijaba
su mirada en los azulejos, distante del mundo. Las ojeras tomaban su rostro.
Sale de la ducha, se seca, vuelve a colocarse el suéter rojo y el jean oscuro
que había quedado desparramado en el piso, junto con su coraje por enfrentar el
pasado. Suena el celular.
- Paula... ¿dónde estas?
- ... Estaba comprando unas cosas en la
estación de servicio
- Hace dos horas que te estoy llamando
- Había mucho ruido
- Son las cuatro de la mañana
- Es 24hs esta, si no te sentís seguro pasame
a buscar
- Ya estoy agarrando el auto, esperame allá
Paula caminó hacia la estación de servicio más
cercana. La noche estaba nublada, pronto iba a llover. Compro una botella de
vodka, la escondió en la mochila negra. Se sentó en el cordón de la calle,
Santiago no tardó en llegar. Se estacionó a 2 cuadras y fué caminando hacia
ella, sentándose a su lado al encontrarla. Comenzó a pensar que podía decirle,
como podía orientar las palabras para que sonaran lo menos pesadas posibles, él
sabía, como cualquiera que conociese a Paula, que era como una niña, se
asustaba y corría con facilidad. Un paso en falso y podía perderla otra vez,
para encontrarla nuevamente en otra estación de servicio.
-
Yo sé que estabas con otro tipo, no podés seguir así, me preocupas
-
Yo no le preocupo a nadie, Santiago
-
A mí sí me preocupas, siempre me preocupaste Pau, no por
cualquiera agarro el auto y vengo hasta acá para asegurarme qué estés bien
-
Mirá Santi, yo soy así, vos te preocupas porque sos un pelotudo.
Al son de estas palabras, ella abrió la
mochila sacando la botella transparente. La abrió rápido, en unos segundos ya
había tomado 7 tragos. Uno por cada amante de la noche. Su manera de actuar era
perturbadora para alguien de 17 años. Santiago la miraba con brillo en sus
ojos, casi buscando algún tipo de luz, algo en ella para aferrarse y no
soltarla. Buscaba en ella una señal de afecto, aún sabiendo que Pau no tenía
incorporado el amor. Nacida en el seno de una familia distante, de un padre
drogadicto y una madre ausente. Para ella el amor era una botella. Un alquiler
de cuarto. Una caminata por la avenida a las 3 de la mañana. Una línea o dos.
Santiago siendo todo lo contrario, no tardó en caer bajo las finas redes de su
desastre. Sentía una necesidad de cuidarla. Cómo si ella lo necesitase a él,
como si fuese capaz de sanarla de su dolor.
Nosotros a lo largo de una relación con
alguien no notamos que es enfermiza. No notamos cuando nuestros amigos nos
dicen ‘’alejate, no es para vos’’ ‘’vas a salir mal, para qué lo seguís
intentando’’. A veces no tenemos la capacidad de distinguir a la razón. Creemos
que realmente podemos cambiar a alguien, que si el drogadicto se junta con la
mujer sana él deja sus vicios, que si el depresivo conoce el amor deja de
dibujar sus brazos bajo hojas de gillette, que si la chica que esta con todos
conoce al indicado, va a dejar de mendigar amor en cualquier cuerpo. No somos
capaces de entender que las personas no cambian, no pueden cambiar su esencia,
simplemente no pueden, suponen que es posible porque desde chicos nos
bombardean con las películas en las que el amor hace que todo salga bien, si
Ariel pudo dejar de ser un pescado para estar con un príncipe, tan difícil no
va a ser encaminar un alma en pena por el camino de la luz. Pero la realidad es
otra. Personas como Pau no pueden cambiar. Son seres especiales. Alguien que
corta sus brazos homenajeando a la muerte es igual a quién busca compañía en el
fondo de una botella, o quien alquila el amor todas las noches, seres en
extremo sensibles, en extremo especiales. Las cosas nunca están bien alrededor
de ellos, apenas comienzan a estar bien, ya sienten que algo anda mal. Creo que
a todos un poco nos pasa, cuando sentimos que todo va bien sabemos que se
avecina una tormenta destinada a arrasar con todo a su paso. Y es así, uno se
consume. Mientras esta todo estable, las cosas van bien, ahora un mínimo cambio
destella en el mas terrible de los finales. Son personas extremistas, aclamando
al todo o a la nada. Si encuentran la felicidad los llena como un incendio
propagándose en un bosque, mientras que si algo altera esto, las horas se ahuecan,
el pasado vuelve a tocar la puerta, es esperar en vano algo mejor y rebajarse a
pensar que la alegría no va a volver, reanudando los vicios hasta el inminente
final.
-
No me trates así Pau, quiero ayudarte
-
¿Vos no entendés nada no? No podes ayudarme porque no hay nada en
lo que puedas ayudar
-
Yo te amo Paula
El silencio se esparció como neblina. Ella rompió con el sonido de la tapa de la
botella deslizándose fuera de la misma,
cuatro tragos más. Se refregó los ojos corriendo el delineador negro que
cubría sus párpados, mirando al suelo. Nuevamente tapo la botella y se dirigió
hacia él. Intento con todo su ser hablarle de la manera más dulce posible.
-
Vos a mi no me amas
-
No me podes decir qué puedo sentir y qué no, no me vengas con tus
jueguitos mentales
-
No son jueguitos mentales, vos a mi no me amas
-
Cómo sabes que yo no te amo
-
Si vos me amases, en este momento te estarías alejando, porque
sabrías que si yo me enamorase de vos, eso sería automáticamente atraerte como
un imán a mis problemas, a mi forma de ser, y yo no quiero hacerte eso, porque
te quiero como a nadie más
-
¿Ves? Eso quiere que decir que vos también en el fondo me amas
-
No Santiago, yo no amo a nadie, yo no sé amar a nadie
-
Yo te puedo enseñar
-
No me vengas con estupideces te pido que te estoy hablando en
serio mientras mantengo mi sobriedad. Vos sabes que yo no quiero a nadie y que
así voy a quedarme, si me amas, lo vas a aceptar y te vas a ir
-
Yo no voy a irme
-
Entonces si no vas a irte, no seas boludo y dejá de aprovechar
cada momento para declararme tus sentimientos
-
Sos una hija de puta ¿te das cuenta? me preocupo por vos, te digo
que te quiero y nunca me das ni la hora. Vivís alegando y diciendo que tu vida
es una mierda y que necesitás alguien que la cambie, que te haga sentir bien,
que te saque de todo, te ofrezco la oportunidad y lo evadís, como lo hiciste
siempre, como lo vivís haciendo conmigo ¿Cuándo te vas a dar cuenta que la vida
no es un episodio de Skins y que vas a terminar tirada en la calle con un coma
alcohólico sin nadie a quien recurrir cuando estes en el hospital?
Santiago sintió como una lágrima se deslizaba
en su rostro. Él nunca había llorado. Las palabras salieron casi gritando de su
boca mientras los ojos azules de Paula se abrían como nunca antes. Prendió un
cigarrillo. Ambos prendieron un cigarrillo. Él clavó su mirada en el cordón
amarillo de la calle. Ya comenzaba a lloviznar, él se puso su gorro negro y
ella cubrió su cuerpo con una campera, poniéndose la capucha. Todavía no sabía
cómo reaccionar. No sabía qué decir. Sintió la necesidad de darle un beso, pero
darle un beso a él con todo lo que esto implicaba, no iba a ser más que una
granada con el seguro prácticamente arrancado. Miró a su alrededor.
-
Santi
-
Qué
*tomó una de sus manos, mientras que él miraba
sin poder reaccionar bien*
-
¿Ves esta estación de servicio?
-
Sí ¿qué tiene?
-
Yo soy así. Acá nadie se queda por más de un rato. Toma un café,
por ahí almuerza, o simplemente carga el auto, pasa la tarjeta, y se va, quizás
para nunca más volver.
-
Sí
-
Esto esta lleno de nafta. Si en este momento llego a hacer una chispa,
una minima chispa, un pequeño fuego, estalla todo. Absolutamente todo. Pium. A la
mierda. Junto con todo lo que hay a mi alrededor.
-
No entiendo a donde querés llegar
-
Quiero llegar a que no puedo encender un fuego en mí que no soy capaz
de controlar. Porque voy a estallar. Y voy a quemar a todos alrededor mío, gente
que conozco, gente que no conozco, y yo no puedo darme el lujo de lastimar. Menos
a vos. Tenes que entender que no podes enamorarte de mí, porque destruyo todo a
mi paso, y destruirte a vos, sería imperdonable.
Santiago levantó la vista y la besó. Ambos se pararon
y se abrazaron. Él camino de vuelta a su coche con lágrimas en los ojos mientras
que ella miró como el posible y único amor de su vida se alejaba por algo mejor.
Susurró.
- Te amo, Santiago.
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